La transición hacia una energía sostenible es un proceso profundo que redefine cómo producimos, distribuimos y utilizamos la energía. Su propósito es dejar atrás la dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia un modelo basado en fuentes renovables como la energía solar, eólica, hidroeléctrica y geotérmica. Este cambio es esencial para enfrentar la crisis climática, ya que actualmente cerca del 80 % de la energía mundial aún proviene de fuentes fósiles que, al quemarse, liberan grandes cantidades de gases como CO₂ y metano, responsables del calentamiento global.
En términos generales, la transición energética busca transformar el sistema energético global para mitigar el cambio climático y, al mismo tiempo, impulsar el desarrollo sostenible. Esto no solo implica adoptar energías limpias, sino también mejorar la eficiencia energética, implementar tecnologías avanzadas (como sistemas de almacenamiento) y descarbonizar sectores clave como la generación eléctrica, el transporte y las actividades industriales.

En consecuencia, la transición hacia una energía sostenible no solo trae beneficios ambientales: también impulsa la innovación, genera empleos y reduce la pobreza energética. Se trata de una oportunidad global para enfrentar desafíos cotidianos —como la desigualdad, la inseguridad energética y los impactos sobre la salud— mediante soluciones integrales que fortalezcan un futuro más resiliente, inclusivo y sostenible.
¿Por qué es esencial la transición energética para la acción climática?
El sistema energético actual es responsable de alrededor del 75 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, por lo que reformarlo es clave para frenar el cambio climático. Con temperaturas récord año tras año, resulta urgente replantear cómo producimos y consumimos energía.
En el marco del Acuerdo de París —un tratado internacional jurídicamente vinculante— los países se comprometieron a reducir de forma acelerada y sostenida sus emisiones con el fin de limitar el calentamiento global a menos de 2 °C, preferiblemente 1.5 °C, respecto a los niveles preindustriales. Alcanzar esta meta depende, en gran medida, de lograr que el sector energético llegue a emisiones netas cero para el año 2050.
La necesidad de actuar es más urgente que nunca. Durante la COP28, celebrada en Dubái en 2023, el primer balance mundial estableció una serie de rutas y medidas esenciales para transformar el panorama energético global. Entre ellas destacan:
- Triplicar la capacidad mundial instalada de energías renovables y duplicar la tasa anual de mejora en eficiencia energética para 2030.
- Llevar a cabo una transición justa, ordenada y equitativa para reducir progresivamente el uso de combustibles fósiles en los sistemas energéticos.
- Eliminar gradualmente los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles que no contribuyen a combatir la pobreza energética ni apoyan transiciones justas.

Estas decisiones remarcan la urgencia de acelerar el camino hacia un sistema energético con emisiones netas cero antes de 2050, donde el uso de combustibles fósiles y los procesos industriales generen cantidades mínimas o nulas de carbono.
Reviewed by Ariel Jimenez
on
noviembre 19, 2025
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